Tres días antes de nuestra boda, descubrí que mi prometido llevaba cinco años casado con la mujer que presentaba como su hermana adoptiva

Tres días antes de mi boda, la funcionaria del Registro Civil miró mi expediente y dejó de sonreír.

—Señorita Lin, no puede casarse con este hombre.

Pensé que faltaba algún documento.

—¿Por qué?

Giró la pantalla hacia mí.

—Porque Gu Wei ya está casado.

Sentí que la habitación se inclinaba.

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En la pantalla aparecía su nombre, su número de identificación y una fecha de matrimonio registrada cinco años atrás.

Pero lo peor no fue descubrir que mi prometido tenía esposa.

Lo peor fue reconocer el nombre de la mujer.

Su Man.

La “hermana adoptiva” que viviría con nosotros después de la boda.

La mujer a la que Gu Wei me había pedido que tratara como parte de la familia.

La misma que me había ayudado a escoger mi vestido de novia.

Saqué una fotografía del registro y llamé a Gu Wei.

Respondió al segundo tono.

—Xia, estoy en una reunión. ¿Podemos hablar después?

—¿Desde cuándo estás casado con Su Man?

Al otro lado no se escuchó nada.

Ni una exclamación.

Ni una pregunta.

Ni siquiera una respiración sorprendida.

Solo un silencio demasiado tranquilo.

—¿Quién te lo dijo?

Miré el vestido de novia colgado frente a mí.

—Eso no importa.

—Claro que importa. Ese matrimonio no significa nada.

Me eché a reír.

No porque me pareciera gracioso.

Fue la única reacción que encontró mi cuerpo antes de romperse.

—Llevas cinco años casado con ella.

—Solo sobre el papel.

Gu Wei bajó la voz.

—El padre de Su Man dejó una herencia con condiciones absurdas. Si ella no se casaba antes de cumplir veinticinco años, perdería las acciones de la familia. Yo solo la ayudé.

—¿Casándote con ella?

—No mantenemos una relación de marido y mujer.

—Entonces, ¿por qué nunca te divorciaste?

Gu Wei suspiró, como si la difícil fuera yo.

—Porque un divorcio prematuro habría afectado la transferencia de las acciones. El proceso termina este año.

—Nuestra boda es dentro de tres días.

—Y se celebrará.

Apreté el teléfono.

—No podemos registrar el matrimonio.

—Lo haremos después de mi divorcio. La ceremonia es lo importante.

—Para ti, quizá.

—Xia, llevamos ocho años juntos. No destruyas todo por un documento.

Un documento.

Así llamaba al certificado que demostraba que el hombre con quien iba a casarme ya tenía esposa.

—¿Su Man sabe que nos casamos dentro de tres días?

—Por supuesto.

—¿Y lo acepta?

Gu Wei tardó dos segundos más de lo normal en responder.

—Ella conoce su lugar.

Cerré los ojos.

Durante ocho años creí conocer a ese hombre.

Pero aquella frase me hizo comprender que ni Su Man ni yo conocíamos nuestro verdadero lugar.

Solo él conocía el plan completo.

—Mañana te lo explicaré personalmente —dijo—. Ahora tengo que volver a la reunión.

—No hace falta.

—Xia…

Colgué.

Me quité el anillo.

No lo arrojé.

Algo tan caro no merecía terminar en la basura.

Le hice una fotografía y se la envié a su madre.

“Su hijo podrá recogerlo en la recepción de mi empresa.”

Después llamé a mi padre.

—Cancela la inversión en el Grupo Gu.

—¿Qué ocurrió?

—Gu Wei está casado.

Mi padre guardó silencio.

—¿Con quién?

—Con Su Man.

Escuché cómo apartaba una silla.

—¿La hermana adoptiva?

—Nunca fue su hermana.

—¿Estás segura?

Le envié la fotografía del registro.

Mi padre respondió treinta segundos después.

—La inversión queda cancelada.

—La boda también.

—¿Quieres que cancele el hotel?

Miré la fecha impresa en las invitaciones.

Ya habían llegado familiares desde otras ciudades. Había periodistas invitados por la familia Gu y más de trescientos empleados esperando asistir.

—No.

—¿Por qué?

—Porque Gu Wei cree que todavía habrá una boda.

Mi padre comprendió de inmediato.

—¿Qué necesitas?

—Que mantengas abierta la sala principal.

A las siete de la tarde regresé al apartamento donde Gu Wei y yo pensábamos vivir después de casarnos.

La puerta ya estaba abierta.

Dos maletas ocupaban el recibidor.

Reconocí una de ellas.

Era de Su Man.

Entré sin hacer ruido.

Ella estaba sentada en mi sofá, usando la bata de seda que yo había guardado para la luna de miel.

Gu Wei permanecía de pie frente a la ventana.

Cuando me vio, no pareció avergonzado.

Pareció molesto.

—Te pedí que esperaras hasta mañana.

—Y yo te pedí fidelidad durante ocho años. Parece que ninguno recibió lo que quería.

Su Man se levantó.

—Xia, puedo explicarlo.

—Espero que tu explicación sea distinta a la suya.

Ella miró a Gu Wei.

Fue un gesto pequeño, pero suficiente.

Su Man no estaba allí para explicar nada.

Estaba esperando que él le dijera qué podía contarme.

Gu Wei se acercó.

—Man Man se quedará aquí unos días.

—No.

—Está pasando por un momento delicado.

—Entonces llévala a tu casa.

—Esta es mi casa.

Lo miré.

—¿Eso crees?

Su expresión se endureció.

—Viviremos aquí después de la boda. No empieces una pelea por palabras.

Su Man se llevó una mano al abdomen.

Solo entonces advertí que sostenía una carpeta médica.

—Estoy embarazada —dijo.

Gu Wei cerró los ojos.

—Te pedí que no se lo dijeras así.

Me quedé inmóvil.

—¿De cuánto tiempo?

—Nueve semanas.

Nueve semanas.

Recordé el viaje de negocios de Gu Wei a Hangzhou.

Me había llamado todas las noches desde el hotel.

Me decía que estaba agotado.

Me decía que me echaba de menos.

En una de esas llamadas, Su Man apareció detrás de él.

Gu Wei dijo que había viajado para ayudarlo con unos documentos familiares.

Ahora sabía qué clase de documentos habían estado preparando.

—¿El hijo es de Gu Wei?

Su Man comenzó a llorar.

Gu Wei se interpuso entre nosotras.

Su cuerpo la protegió antes de que su boca pudiera mentir.

—Fue un error —dijo.

—¿Durante qué parte? ¿Antes o después de quitarte la ropa?

—Había bebido.

—Siempre hay alcohol cuando un cobarde necesita una excusa.

—No quería que ocurriera.

Su Man apretó la carpeta contra su pecho.

—Pero ocurrió.

La miré.

No había culpa en sus ojos.

Había miedo.

No miedo a haber destruido mi boda.

Miedo a que Gu Wei la abandonara.

—¿Desde cuándo sabes que está embarazada? —pregunté.

—Dos semanas.

—Entonces me propusiste matrimonio sabiendo que tu esposa esperaba un hijo tuyo.

—Tú eres la mujer que amo.

Su Man palideció.

Gu Wei lo notó demasiado tarde.

—Man Man, no quise decir…

—No hace falta que te corrijas —interrumpí—. Sigue hablando. Cada frase mejora la historia.

Él se volvió hacia mí.

—Me divorciaré de ella cuando nazca el niño.

Su Man levantó la cabeza.

—Me dijiste que no te divorciarías.

El silencio cayó sobre la habitación.

Gu Wei parecía un hombre atrapado entre dos puertas que había intentado mantener cerradas.

—También me dijiste que nuestro matrimonio solo existía para proteger mi herencia —continuó ella—. Dijiste que Xia conocía la verdad.

La miré.

—Me enteré esta mañana.

Sus labios comenzaron a temblar.

—Él me aseguró que habías aceptado.

—A mí me aseguró que tú eras su hermana.

Gu Wei dio un golpe sobre la mesa.

—¡Basta!

Nos callamos.

No porque nos hubiera intimidado.

Porque, por primera vez, las dos entendimos quién era el enemigo.

Él respiró con fuerza.

—La situación es complicada, pero puedo solucionarla. Xia y yo celebraremos la boda. Después del nacimiento del bebé, tú y yo nos divorciaremos.

Miró a Su Man.

—Recibirás una compensación generosa.

Luego se volvió hacia mí.

—Y registraremos nuestro matrimonio.

—¿Qué pasará con el niño? —pregunté.

—Lo criaremos.

—¿Quiénes?

—Tú y yo.

Me quedé mirándolo.

Gu Wei realmente había imaginado aquella vida.

Yo aportaría el dinero.

Su Man le daría un hijo.

Y él llamaría sacrificio a obligarnos a compartirlo.

—No criaré al hijo de tu engaño.

—Xia, no seas cruel con un bebé inocente.

—No uses a ese bebé para ocultar lo que hiciste.

Su Man comenzó a sollozar.

—Gu Wei prometió que este apartamento sería nuestro.

Me giré lentamente hacia ella.

—¿Nuestro?

—Dijo que tú casi nunca estarías aquí porque trabajas demasiado.

Gu Wei sujetó su brazo.

—Man Man, cállate.

Ella se soltó.

—También dijo que, después de recibir la inversión de tu familia, compraría otra casa para ti.

Aquello era aún mejor de lo que esperaba.

No había planeado casarse conmigo.

Había planeado comprarme con mi propio dinero.

Saqué el teléfono y llamé al administrador del edificio.

—Suba con el personal de seguridad.

Gu Wei frunció el ceño.

—¿Qué estás haciendo?

—Recuperando mi casa.

—No puedes echarnos.

—El apartamento pertenece al Grupo Lin. Está registrado a nombre de mi padre.

La expresión de Su Man cambió.

—Gu Wei dijo que era suyo.

—Gu Wei dice muchas cosas.

En ese momento vi el colgante verde que ella llevaba alrededor del cuello.

Sentí que toda la sangre me abandonaba el rostro.

Había pertenecido a mi madre.

Después de su muerte, lo guardé en la caja fuerte de este apartamento.

—Quítatelo.

Su Man lo cubrió con una mano.

—Gu Wei me lo regaló.

—Era de mi madre.

Ella miró a Gu Wei.

Por primera vez, él pareció avergonzado.

—Solo lo tomó prestado.

—¿De una caja fuerte?

—Pensé que no te importaría.

Me acerqué a Su Man.

—Quítatelo.

—No me toques. Estoy embarazada.

No levanté la voz.

—La seguridad llegará en dos minutos. Puedes entregármelo tú o explicar delante de ellos por qué llevas una joya robada.

Su Man se lo arrancó del cuello.

Lo dejó sobre la mesa.

El colgante todavía estaba caliente cuando lo recogí.

Gu Wei extendió la mano hacia mí.

—Xia, ahora estás demasiado alterada.

—No vuelvas a tocarme.

La puerta se abrió.

Entraron el administrador, dos guardias y seis trabajadores de una empresa de mudanzas.

Gu Wei miró a los hombres.

—¿Qué significa esto?

Le entregué al jefe de los trabajadores una lista.

—El sofá, la mesa, las lámparas, los cuadros, la cama del dormitorio principal y todos los electrodomésticos marcados pertenecen a mi familia.

Su Man dejó de llorar.

—¿Van a llevarse la cama?

—También la bata que estás usando.

Bajó la mirada.

—No puedes humillarme así.

—Vestirte con mis cosas fue decisión tuya.

Durante la siguiente hora, vaciaron el apartamento.

Gu Wei intentó detenerlos, pero el administrador le mostró los documentos de propiedad.

Su madre llamó tres veces.

No respondí.

Cuando retiraron el sofá, Su Man tuvo que sentarse sobre una maleta.

Cuando desmontaron la cama, Gu Wei perdió finalmente la paciencia.

—¿Todo esto te parece divertido?

—No.

Me acerqué a la puerta.

—Me parece definitivo.

—Vas a arrepentirte.

—¿De no casarme con un hombre casado?

—De destruir ocho años por una equivocación.

—No fue una equivocación. Fueron cinco años de matrimonio, nueve semanas de embarazo y miles de mentiras.

—La boda sigue en pie —dijo—. Sé que vendrás.

Sonreí.

—Claro que iré.

Gu Wei se tranquilizó al instante.

Creyó que había ganado.

Ese era su mayor defecto.

Confundía mi silencio con rendición.

A la mañana siguiente recibí un mensaje suyo.

“Man Man tuvo dolor abdominal. Estoy en el hospital con ella. Hablaremos después. No canceles nada.”

Respondí con una sola palabra.

“Tranquilo.”

No le dije que el dinero que mi padre invertiría en su empresa había sido retirado.

Tampoco le dije que los hoteles, automóviles y proveedores reservados para la boda pertenecían a compañías asociadas con mi familia.

Gu Wei había pasado años convencido de que todo aquello era suyo.

En realidad, él solo había aprendido a vivir dentro de mi apellido.

La noche anterior a la ceremonia, Su Man me llamó.

—Necesito saber algo.

—Pregunta.

—¿Gu Wei te dijo que se divorciaría de mí después del nacimiento?

—Sí.

Comenzó a respirar con dificultad.

—A mí me dijo que se casaría contigo únicamente para recibir la inversión. Después provocaría un escándalo para que fueras tú quien pidiera el divorcio.

—¿Tienes pruebas?

—Mensajes. Grabaciones. Contratos que me pidió firmar.

—¿Qué quieres a cambio?

—Nada.

Su voz se quebró.

—Solo quiero verlo perder.

—Entonces mañana, a las once, ven al hotel.

—¿A tu boda?

Miré el nuevo programa del evento.

—Ya no es mi boda.

A las diez de la mañana siguiente, Gu Wei llegó al hotel con un traje negro y una sonrisa segura.

Su familia ocupó la primera fila.

Los invitados comenzaron a murmurar cuando vieron que no había fotografías de compromiso.

Tampoco había un altar.

Los trabajadores retiraban las últimas flores blancas y colocaban una pantalla para la presentación del nuevo proyecto hotelero de mi familia.

Gu Wei subió al escenario.

—¿Dónde está el vestido de novia?

Yo aparecí con un traje blanco.

El mismo que había usado cuando descubrí su matrimonio.

—Nunca hubo una novia —respondí—. Solo una posible víctima.

Su madre se levantó.

—¡Lin Xia! ¿Cómo te atreves a avergonzar a nuestra familia delante de todos?

Le entregué una copia del certificado matrimonial.

—Su familia llegó avergonzada.

Yo solo encendí la luz.

Los invitados comenzaron a tomar fotografías.

Gu Wei agarró el documento.

—Te expliqué que ese matrimonio era falso.

—El Registro Civil no opina lo mismo.

—Podemos hablar en privado.

—Durante ocho años, todas tus mentiras ocurrieron en privado. La verdad será pública.

Su Man entró en la sala.

La madre de Gu Wei palideció.

—¿Qué haces aquí?

Su Man sostuvo su teléfono.

—Vengo a escuchar a mi esposo explicar con cuál de sus dos mujeres pensaba quedarse.

Gu Wei bajó del escenario.

—Man Man, vuelve al hospital.

—El médico dijo que estoy perfectamente.

—Estás alterada.

—No. Por primera vez estoy despierta.

Me entregó el teléfono.

Conecté la primera grabación al sistema de sonido.

La voz de Gu Wei llenó la sala.

“Cuando el dinero de los Lin entre en la empresa, podrás vivir como la verdadera señora Gu. Xia solo será útil hasta que estabilice el negocio.”

Después reproduje el mensaje que él me había enviado dos meses antes.

“Su Man siempre será como una hermana para mí. Tú serás mi única esposa.”

Nadie dijo una palabra.

Ni siquiera su madre pudo defenderlo.

Gu Wei miró a Su Man.

—No entiendes el contexto.

—Entiendo perfectamente —respondió ella—. Te casaste conmigo por las acciones de mi padre y querías casarte con Xia por el dinero de su familia.

Él intentó tomarle la mano.

Su Man retrocedió.

—Mi abogado presentará la solicitud de divorcio esta tarde. Las acciones heredadas seguirán siendo mías.

Gu Wei se volvió hacia mí.

—Xia, escúchame. Lo que dije fue para tranquilizarla. Yo te amo.

—Hace una semana le dijiste exactamente lo mismo.

—Podemos empezar de nuevo.

—No.

—Haré lo que quieras.

—Ya hiciste lo que querías. Ahora vivirás con las consecuencias.

Mi padre subió al escenario.

Anunció que la inversión en el Grupo Gu quedaba cancelada y que el salón sería utilizado para presentar nuestro nuevo proyecto.

Gu Wei comprendió finalmente por qué yo no había cancelado el hotel.

No había conservado su boda.

Le había quitado el escenario.

—Sin esa inversión, mi empresa caerá —susurró.

—Tu empresa no era el precio de mi matrimonio.

—Cientos de personas dependen de mí.

—Entonces debiste pensar en ellas antes de construir tu futuro sobre dos mujeres engañadas.

Su madre comenzó a llorar.

Gu Wei permaneció en medio del pasillo mientras los invitados se apartaban de él.

Horas antes había llegado convencido de que saldría del hotel con una esposa rica.

Salió solo.

Dos meses después, Su Man se divorció.

Descubrió que Gu Wei había usado parte de los beneficios de sus acciones para cubrir las pérdidas de su empresa.

Lo demandó y recuperó el control de su herencia.

El consejo de administración retiró a Gu Wei de su cargo.

Sin la inversión de mi familia y sin las acciones de Su Man, su imperio duró menos de noventa días.

Una noche apareció en la entrada de mi casa.

Estaba empapado por la lluvia.

—Xia, lo he perdido todo.

Lo observé desde el otro lado de la puerta.

—No.

—¿Qué quieres decir?

—Perdiste el dinero de Su Man. Perdiste el dinero de mi familia. Perdiste la vida que construiste con cosas que nunca fueron tuyas.

—También te perdí a ti.

Negué lentamente.

—Nunca me tuviste. Solo tuviste mi confianza.

Apretó los puños.

—Te amé durante ocho años.

—No amas a una mujer cuando la conviertes en la última persona en conocer la verdad.

Cerré la puerta.

Esta vez no lloré.

Durante mucho tiempo pensé que el día más doloroso de mi vida había sido aquel en que descubrí que mi prometido ya tenía esposa.

Estaba equivocada.

Aquel no fue el día en que perdí un matrimonio.

Fue el día en que dejé de financiar una mentira.

Y recuperé mi propia vida.

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